Bolsonaro en Brasilia: tensiones internas por la conducción de la política exterior ante la posibilidad de un canciller Eduardo
La pelea por el control de la política exterior de un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro expone diferencias internas en la familia, mientras empresarios temen un giro radical y Eduardo, prófugo, presiona desde Estados Unidos.
Brasilia, en medio de una pulseada interna dentro del clan Bolsonaro, el control de la política exterior parece convertirse en una frontera clave para un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro. La rivalidad entre Flávio y su hermano Eduardo, prófugo de la Justicia y refugiado en Estados Unidos, tomó cuerpo público en las últimas semanas y amenaza con definir líneas de acción para la futura diplomacia.
Eduardo Bolsonaro fue condenado por el Supremo Tribunal Federal (STF) por coacción a las autoridades, en un caso relacionado con gestiones en Washington para impulsar sanciones en respuesta al encarcelamiento de Jair Bolsonaro por golpismo. Para su entorno, esa sentencia no sólo encímase a un familiar, sino que complica cualquier posibilidad de un papel formal en la cancillería de un eventual gobierno de su hermano.
Frente a ese panorama, Flávio Bolsonaro dejó en claro que Eduardo no ocuparía un cargo de canciller. En su visión, Eduardo es un perseguido político cuya trayectoria está condicionada por disputas judiciales y presiones externas, lo que, en su lectura, haría imposible un rol de ese tipo en su eventual administración.
Mientras tanto, dentro del bloque de la derecha y de los grandes empresarios brasileños persiste la idea de que, si vuelve el bolsonarismo, la política exterior debería centrarse en la defensa de intereses nacionales y la promoción de negocios, sin sacrificar autonomía. No obstante, hay recelos sobre Eduardo: temen que concentre demasiado poder como hermano del presidente y como titular de la cancillería, y que impulse una línea externa ideologizada que pudiera afectar intereses sensibles, en particular con China.
En el marco de las especulaciones sobre Itamaraty circulan nombres posibles para su reemplazo. Uno de los nombres que se mencionan es Teresa Cristina Corrêa da Costa Dias, exministra de Agricultura y figura destacada del centrão, aunque también se barajan otros funcionarios de carrera que podrían sobrevivir al filtro ideológico que se pretende aplicar a la política exterior.
La Argentina aparece como una prioridad en esa arquitectura: para algunos sectores, el objetivo sería sostener una diplomacia de Estados y buscar una apertura mayor de mercados, con énfasis en Vaca Muerta y en la interconexión de intereses regionales. Se sostiene que una alianza con Estados Unidos debería ser una convergencia estratégica, no un alineamiento automático, buscando abrir mercados, incorporar tecnología y elevar la competitividad de las empresas brasileñas sin sacrificar la autonomía.