Bolsonaro propone tijeretazo de 200.000 millones de reales; analistas alertan sobre límites fiscales
En el debate entre Lula y Flávio Bolsonaro, el ultraderechista prometió mayor gasto público, mientras analistas señalan que recortar 200.000 millones de reales tendría costos en pensiones, salarios y programas sociales.
BRASÍLIA (enviado especial) En el cara a cara televisivo entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, el candidato de la ultraderecha insistió en ampliar el gasto público, avanzando promesas de inversiones en infraestructura, salud y educación, más ayudas a deudores y estímulos a la producción, además de mantener salarios en el sector estatal por encima de la inflación.
El tono de la conversación giró hacia un recorte extremo: 200.000 millones de reales, equivalente a unos 40.000 millones de dólares, para ajustar las cuentas fiscales. Los analistas consultados coinciden en que un ajuste de esa magnitud sería difícil de lograr sin afectar gasto obligatorio como pensiones, salarios, planes sociales y los pisos constitucionales para la inversión en salud y educación.
En ese marco, Lula criticó la propuesta y subrayó la dificultad de sostener un programa de recortes sin perjudicar servicios esenciales. Además, la conversación recorrió la deuda del país y las tasas de interés: el déficit financiero, generado por el pago de deudas, ha obligado al Tesoro a aceptar tasas altas para financiar una deuda interna que supera los 11 millones de millones de reales, equivalente a más del 83% del PBI.
La coordinación económica de la campaña de Bolsonaro, Daniella Marques, Ultraliberal en lo económico y conservadora en lo social, fue mencionada como figura clave. Marques fue acercada al entorno del clan por Paulo Guedes y, según el propio entorno, su llegada busca imprimir una impronta de desregulación y reducción de cargas fiscales. En algún momento, Marques afirmó que ciertas experiencias de Milei en Argentina podrían servir de referencia para Brasil.
El ministro de Hacienda, Dario Durigan, afirmó que recortar 200.000 millones de reales sin afectar servicios públicos y programas sociales sería imposible, incluso con sustitución de personal por tecnología. En paralelo, la imagen de las tijeras gigantes, asociada a las promesas de recorte, se convirtió en símbolo de la propuesta durante el inicio de la campaña; sin embargo, esas referencias fueron quedando más discretas hacia la recta final.
Lula, por su parte, afirmó durante el debate que unos 80 millones de brasileños tienen deudas atrasadas, una cifra que, en su visión, denota la dificultad de implementar recortes profundos sin afectar a hogares y a la clase trabajadora. El tema de la deuda y el costo del crédito quedó en el centro de la discusión, mientras el trasfondo económico continúa siendo objeto de análisis entre economistas y dirigentes sobre el impacto real de un eventual ajuste de esas dimensiones.
En síntesis, la conversación de Brasilia dejó claro que la discusión sobre gasto público, deuda y políticas laborales estará presente hasta el cierre de la campaña, con diferentes lecturas sobre la viabilidad de un recorte tan sustancial y las posibles consecuencias para servicios y protección social.